lunes, 31 de julio de 2017

El camino te sirve para descubrir tu velocidad y tu capacidad de resistencia. Así, experimentar proyectos e ideas, o participar en diferentes actividades pueden ayudarte a descubrir para que estás dotado. Y en esa actitud y esfuerzo empiezas a descubrir tus talentos y capacidades.

Sin embargo, dentro de ti experimentas que hacer el bien es importante, y que cuando lo haces te sientes bien y útil. Descubres que hacerlo te da gozo y alegría, y más, pues eso significa amar. Luego, el amor es el mayor tesoro que existe, porque encontrado y realizado te hace feliz.

Pero, encuentras una dificultad. En muchos momentos y situaciones, se hace difícil amar, y experimentas que por ti sólo no puedes llevarlo a cabo. Necesitas ayuda. Y nadie te la puede dar. Sólo el Señor puede ayudarte, porque su Padre es Amor, y Él viene a revelártelo y a ofrecértelo. Porque, Él es el Camino, la Verdad y la Vida.

domingo, 30 de julio de 2017

Tu vida puede cambiar cuando observas que lo que haces no sirve para mucho. Sí, es posible que sirva para hacerte feliz a ti y a los tuyos. Es posible que te genere frutos temporales que te llenen y te satisfagan, pero experimentarás que al final todo te cansa y te fatiga y que el camino y tu meta no tiene sentido, porque descubres que en el horizonte se dibuja un precipicio.

Es en ese momento cuando empiezas a sensibilizarte y a descubrir la dureza de tu propia tierra. Quizás tu corazón está lleno de piedras que impiden que tus raíces profundicen. O, quizás, sean espinos y zarzas que ahogan tus aspiraciones eternas. Tu corazón queda desconcertado y tu verdadero tesoro perdido. No adviertes donde está tu perla fina y única.

Entonces, adviertes que necesitas una limpieza. Necesitas allanar el terreno, y limpiarlo de piedras, espinos y zarzas. Necesitas ordenar tu vida y quitar todo aquello que te confunde, te somete, te envicia, te distrae y te aleja del único y verdadero camino. Camino por donde puedes encontrar ese verdadero Tesoro que te conduce al Reino de Dios, y donde te espera el gozo y la Vida Eterna.

sábado, 29 de julio de 2017

Dios nos ama y nos lo ha dicho muchas veces. En la carta 1ª de Jn - 4, 7-16 –, Juan nos descubre cómo y cuánto nos ama Dios. Por eso ha enviado a su Hijo a salvarnos, que nos revela hasta donde llega el amor de Dios en la parábola del Padre amoroso o hijo pródigo – Lc 11, 15-32 -. Un Dios, que nos ama de esa forma, no puede permitir que nuestra vida acabe.

Y es lógico, porque dentro de cada uno de nosotros existe esa llama que sólo espera, ser prendida por nuestra fe, confianza y esperanza. Pero, que también puede apagarse por los vientos y tempestades de este mundo y ahogarse en la oscuridad de la noche. Por eso necesitamos confiar y creer en el Señor, porque Él ha vencido a la muerte.

Es el caso y la situación de Marta, que muerto su hermano Lázaro, le pide a Jesús que le resucite. Y Jesús, para gloria de Dios, lo hace. Para que todos veamos que Él es el Señor de la Vida y la Muerte. Y para que, como Marta, podamos decir: “Sí, Señor: yo creo que Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”.

viernes, 28 de julio de 2017

No es cuestión de dudar sino de saber a dónde vas. Si entiendes que tu meta está allí y ese es tu destino, seguirás adelante a pesar de los obstáculos que encuentres. Saber claramente cuál es tu meta equivale a haber superado la dureza del camino y evitar que los pajarillos se coman tu semilla.

Saber cuál es tu meta, es superar la falta de profundidad y buscar esa tierra profunda donde echar tus raíces para que se agarren fuertemente hasta germinar y dar frutos, buenos frutos. Porque, sabiendo cuál es tu esperanza y tu vida, buscarás hasta encontrar.

Porque no estás solo, pues te acompaña el Espíritu Santo. El Paráclito que te conducirá por el único y verdadero camino que conduce a eso que tú buscas Y encontrarás esa meta, la tierra buena que da buenos frutos. Frutos de Vida Eterna, para la que has sido creado.


jueves, 27 de julio de 2017

Si te abandonas experimentas que volver a la actividad diaria te cuesta enorme esfuerzo. Experimentas que el ejercicio es necesario, pero también la penitencia. Necesitas esfuerzo para dominar tu voluntad y encauzarla en verdad y justicia. Y ello exige esfuerzo diario y continuado. Por eso, la oración es el ejercicio que te mantiene espiritualmente y te da equilibrio, tanto físico como espiritual.

Abandonado y alejado de la Palabra de Dios, te expone a quedarte en manos del Maligno. Tus oídos y tus ojos, aunque abiertos, ni oyen ni ven. Escuchan pero no oyen, y abren los ojos, pero no ven. Están anquilosados por las cosas del mundo y sometidos a sus placeres y vicios.

Por eso, damos gracias a Dios, porque, por la acción de su Espíritu, nos mantenemos perseverantes y a su lado, y con los oídos y ojos abiertos a la acción del Espíritu. Y en eso ponemos todo nuestro esfuerzo y colaboración por la libertad que se nos ha dado, abandonando a la Gracia de Dios para permanecer en su Palabra.

miércoles, 26 de julio de 2017

El hombre tiene un reto, y es que tendrá que responder por sí sólo. Puedes ser ayudado, pero, al final, serás tú quien tenga que responder por ti mismo. Y no hay escapatoria. Y sabes que tu respuesta debe ser buena, y que tu responsabilidad es hacer las cosas bien. Porque el hombre siente y experimenta que está puesto para hacer las cosas en la verdad y la justicia.

Nadie quiere hacer las cosas mal, y si tiene mala intención, se esconde y trata de aparentar y engañar. Porque sabe que hacer las cosas bien es lo correcto y de sentido común. Llega un momento en que te sientes responsable y quieres ganarte tu pan con el sudor de tu frente. Luego, descubres que tienes que producir y dar frutos.

Y son esos frutos los que te darán la vida. No sólo la vida terrenal, sino la única y verdadera Vida, la  Eterna. Esa Vida de la que te habla el Evangelio de hoy. Por eso, tu tierra, que es tu vida. y en la que Dios ha sembrado su Palabra, debe producir esos frutos que Dios espera de ti. Y, de no hacerlo, sólo tú serás el responsable.

martes, 25 de julio de 2017

Es normal y de sentido común que el hombre trate de trepar y de estar entre los mejores. Y si puede, claro, ser el primero. Se experimenta esa ambición, constitutiva de la esencia del hombre, en sus movimientos y actitudes. Todos queremos más, dice la popular canción. Y es lógico que así sea, pues nuestra naturaleza es humana y propuesta a todas esas tentaciones.

Por eso, no debe de extrañarnos que la madre de Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, pidiese para ellos
Los primeros puestos. Estar a la derecha e izquierda de Jesús. Sin embargo, Jesús les apremia a cambiar esa dirección natural de nuestra propia naturaleza, valga la redundancia. Pone como el poder más fuerte, el servicio. Y para alcanzar los primeros puestos hay que ser el último. Es decir, servir.

Y eso experimentamos en nuestra propia vida. No pasamos a la historia por el poder que hayamos tenido, ni tampoco por la riqueza. La huella que queda es la del amor. Un amor que renuncia a sí mismo para servir. Es la característica que Jesús proclamó con su Vida y su Palabra. El servicio por Amor. Y nos mandó hacer a nosotros lo mismo.v>