viernes, 31 de agosto de 2018

De repente, todos hemos experimentado un apagón de luz. Bien sea en casa o en la ciudad. Y todo se queda paralizado. Nada puede seguir su ritmo habitual. Es necesario recargar la energía para que, con la luz, todo vuelva a caminar. Entonces, experimentamos la necesidad de la luz.

Pero, también observamos que la luz que compramos o conseguimos en este mundo no es suficiente. Hay momentos y situaciones en nuestras vidas que no bastan con la luz que nos da el mundo. Necesitamos otra clase de energía para poder ver y discernir qué camino y orientación tomar. Y esa luz no se consigue con dinero ni con poder.

Es la luz de la Gracia, que sólo se consigue con humidad, sencillez y abriendo nuestros corazones a la acción del Espíritu Santo, que nos alumbra y nos dirige por los caminos oscuros de la vida. Para ello, se hace necesario tener la alcuza de nuestro corazón lleno de la Gracia de Dios y estar preparado para, cuando la luz de este mundo se apague, encontrarnos con Aquel que pueda encenderla y darle Vida Eterna.

jueves, 30 de agosto de 2018

Está escrito dentro de nuestro corazón, hemos nacidos para vivir y la muerte en este mundo es solamente un paso para la verdadera, la eterna y gozosa. Pero, antes hemos de caminar por este mundo y dependerá de cómo andemos por él para que al final nuestra cosecha sea buena.

Necesitamos, pues, estar atentos y en vela para no desaprovechar nuestro tiempo de vida. Porque, tenemos una vida nada más y si la desaprovechamos la perdemos para siempre. Una vida, la de este mundo, donde tenemos la oportunidad de ganárnosla para toda la eternidad viviendo atento a la Voluntad de Dios.

De lo contrario podemos perdérnosla para siempre. Ahora es el momento de actuar y de estar vigilante, porque no sabemos la hora ni el día y nos pueden coger mal preparados. Necesitamos estar en Gracia de Dios cada instante de nuestra vida terrenal y a eso nos ayuda la oración, la Eucaristía y la Penitencia. No perdamos la oportunidad.

miércoles, 29 de agosto de 2018

El Evangelio de hoy nos presenta a un personaje de gran coherencia. Su vida fue una constante alrededor de Cristo al que preparó los caminos a su venida. Fue siempre fiel a su palabra que refrendó con su vida y sus actos proclamando siempre la verdad.

No se erigió en ser él el que había que venir, sino que se definió como la voz que clama en el desierto y anuncia la llegada del verdadero Mesías. Él se quita del medio y deja el camino a Jesús después de bautizarlo en el Jordán. Conviene que él se abaje para que crezca el Señor.

Juan el Bautista entrega su vida consciente de que su misión ha terminado. Poco antes había preguntado si era Jesús a quien debían esperar y la respuesta le deja colmado de paz y alegría: los ciegos ven, los cojos andan, los mudos hablan, los enfermos sanan…etc. Realmente ha llegado el Reino de Dios.

martes, 28 de agosto de 2018

También nosotros somos incoherentes y en ciertos momentos miramos más lo accidental, lo que no tiene mayor importancia o no incide en la vida de las personas que lo que es justo y modifica gravemente la vida de las personas. ¿Qué debemos mirar? Ese es problema, primero está la justicia y luego, en base a ello, la aplicación.

Nos ocurre que somos exigentes con los demás, pero dejamos escapar esas exigencias cuando se trata de nosotros o de nuestros amigos. ¿Dónde está nuestra misericordia? Es eso a lo que debemos prestar atención, ser misericordioso para que también el Señor tenga misericordia con nosotros.

Y, sobre todo, que hacemos con nuestra fe. Porque, decimos que creemos, pero luego actuamos como nos parece. Hablamos de una forma y actuamos de otra. ¿Dónde ha quedado nuestra fidelidad a la Palabra de Dios? Debemos revisar nuestra vida para que la Palabra de Dios se ajuste más también a nuestra vida.

lunes, 27 de agosto de 2018

No podemos dar frutos si nuestra palabra es diferente a nuestra vida. Se trata de coordinar palabra y vida y de que ambas vayan unidas y en íntima relación. Es entonces cuando los frutos tendrán abono y tierra de cultivo y habrá cosecha. De otra manera no se podrán dar.

No podemos separar nuestra palabra de nuestra vida, porque entonces no hablamos en verdad sino en apariencias. Y esa es la máscara de los hipócritas que dicen pero no hacen. Mejor callar que decir y no hacer, porque si decimos y no hacemos podemos levantar murallas para que otros no lleguen al Señor.

Por todo ello, es bueno ser prudente y tratar de proclamar aquellos que estamos dispuestos a vivir, y pedir para que, poco a poco, nuestra palabra vaya ajustándose a nuestra vida. De tal modo que todo lo que seamos capaces de decir también seamos capaces de vivirlo.

domingo, 26 de agosto de 2018

Jesús, el Señor, no se retracta de lo que ha dicho, mantiene su Palabra y nos ofrece su Carne y su Sangre como comida y bebida de salvación. Pero, nos hace una pregunta, fuerza nuestra elección: ¿Queremos nosotros también marcharnos?

Pedro, la roca elegida donde se fundamenta la Iglesia, responde a esa pregunta de Jesús: ¿A dónde iremos Señor? Tú tienes Palabra de Vida Eterna. Es necesario creer primero para luego entender. Es la prueba que nos pide el Señor, la fe.

Y es que el único que da sentido a nuestra vida es Jesús. ¿Qué podemos esperar del mundo si no es el camino y la oportunidad de alcanzar, a través de vivir en la Palabra y el Amor que Jesús nos da y enseña, la Misericordia de nuestro Padre Dios?

sábado, 25 de agosto de 2018

La vida es dura y nos cuesta trabajo. Levantarse necesita un esfuerzo y todo lo que hacemos también. La vida exige disciplina y eso es trabajo que lleva esfuerzo. Dios desterró al hombre a vivir con esfuerzo y trabajo –Gn 3, 17-19- por su desobediencia. No hay otra alternativa sino la de trabajar.

El trabajo dignifica al hombre porque es la respuesta obediente al mandato de Dios. Y también nos da la oportunidad de manifestar nuestro amor cuando lo hacemos con actitud generosa, disponible, voluntaria y alegre por amor tratando de servir. Nada nos hace más grande que el servicio a los demás.

Y cuando lo hacemos por amor la grandeza es infinita, porque nos estamos pareciendo a Dios, que nos ama con verdadero amor. Por lo tanto, tratemos de estar preparado para servir, y lo hacemos en la medida que nos esforzamos para que nuestro corazón arda en esa intención por la Gracia de Dios.