domingo, 23 de noviembre de 2014



Cuando nos piden algo tratamos de ver que nos sobra. Y a la hora de dar, buscamos lo que menos nos duele e importa dar. Quizás lo que nos sobra. Ese fue el pecado de Caín. Ambos hermanos daban, pero lo que daba Abel se parecía a las monedas de la pobre viuda.

Mientras que lo de Caín se parece a lo que damos nosotros. Creo que ese es el problema. Al menos mi problema. Y de nada nos vale ocultarlo o esconderlo, porque de hacerlo tendríamos también que dejar de orar. Oramos para cambiar y para que nuestras donaciones sean auténticas y verdaderas.

Se trata, Señor, de dar lo mejor de cada uno y darlo con alegría, desde nuestro corazón y con verdadero amor. Tal y como Tú nos lo das a nosotros. Ayúdanos a lograrlo.

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