sábado, 28 de febrero de 2015



¡Cuánto nos complicamos nosotros poniendo nuestros ojos y nuestros oídos en cosas que sólo son necesarias, pero no fundamentales! La esencia y el núcleo del Evangelio están en que Dios envío a su Hijo para redimirnos con su Muerte y salvarnos con su Resurrección.

Porque si no hubiese resucitado, ni estaríamos ahora hablado, ni escribiendo, ni esperando de, por y con Él. Todo se habría acabado. Pero Jesús ha Resucitado, y eso lo cambia todo.

Ahora tomamos conciencia que nos lo había revelado. Su Transfiguración en el monte Tabor fue un signo evidente. ¿No lo crees así?

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