miércoles, 16 de septiembre de 2015



Siempre estamos predispuestos a protestar y a ponerle falta a todo lo que hacen los demás. Sin embargo no nos comprometemos. Decir lo que está bien o mal si nos apetece, pero colaborar no nos hace muchas gracias.

Deberíamos esforzarnos en mantener en silencio nuestra lengua y activar más nuestras manos para actuar en correspondencia con lo que decimos y hablamos. Dejamos mucho que desear.

Nuestra pobreza queda manifiesta para que sea la Gloria de Dios la que se vea, porque nunca nuestras obras serán obra nuestra, sino obras de la Gracia de Dios en el Espíritu Santo.

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