lunes, 14 de diciembre de 2015



Si se nos hace difícil reconocer la autoridad de un hombre, cuanto más nos costará reconocer la autoridad de Dios, dueño y Señor de todo lo creado. Porque a Dios no lo vemos, y a su Hijo, Jesús no lo reconocemos como el Mesías enviado.

Porque Dios nos compromete, nos exige transformar nuestro corazón, y nos pide renunciar a nuestros egoísmos. Obviamente, nos interesa no reconocerle porque nos complica la vida. Así, quitando del medio a su Hijo, Dios nos queda lejos.

Sin embargo, experimentamos que lejos de Dios la vida pierde todo su sentido y, más aun, toda esperanza. Necesitamos la presencia del Hijo, porque sólo en el Hijo Jesús, el Mesías, tendremos la oportunidad de merecer la salvación., pues Él ha dado su Vida para salvarnos.

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