jueves, 14 de enero de 2016



Todos hemos experimentado alguna vez el deseo de súplica a un ser superior. Cuando nos sentimos impotentes recurrimos a las súplicas de Dios, y a Él pedimos y rogamos que nos libre de esa fatalidad, herida o enfermedad.

La gente buscaba a Jesús con esa finalidad. Y, también nosotros, a pesar de decir que no creemos, o creemos a nuestra manera, también recurrimos a Él suplicándole atienda nuestra petición. Y es que cuando estamos en apuros nos acordamos de Dios y de nuestra Madre, la Virgen.

Jesús nos buscas y se ofrece. Espera nuestra súplica y nos abre sus brazos. Sólo necesita que creamos en Él. Nos pide nuestra fe y la confianza para entregarles todas nuestras miserias y pecados.

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