jueves, 7 de julio de 2016



Todo lo que nos pueda valer para hacer efectivo el envío no se puede despreciar, pero la esencia del Mensaje de la Palabra es que Jesús es el Hijo de Dios, que se ha hecho Hombre para entregar su Vida en rescate de las nuestras por el Amor del Padre, y, voluntariamente, por su Amor.
                                        
Y nada ni nadie puede sustituir ese Mensaje. Ni se puede anunciar otra cosa ni de otra forma. Ni nada está por encima de esa noticia, ni nada es más importante que el Amor del Padre y la entrega del Hijo para, con su Vida, pagar por las de todos los hombres.

Por lo tanto, no miremos para otro lado, ni demos importancia a otras cosas, ni nos preocupemos por lo que nos pueda faltar, porque lo fundamental es que Dios nos quiere y nos envía su Hijo para salvarnos. Y en Él encontraremos todo lo que necesitamos para alcanzar la máxima aspiración de las aspiraciones: Ser plenamente feliz eternamente.

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