domingo, 24 de julio de 2016



Una de las cosas más notables y exigentes es la coherencia. El hombre exige ser coherente. Es decir, vivir y actuar tal y como se piensa y se cree. De tal forma que, si así piensas, así debes vivir. Y no al revés, pensar como vives.

En muchas ocasiones bajamos los brazos y nos rendimos. Terminamos pensando cómo vivimos. Es decir, adaptamos nuestros pensamientos y criterios a la manera de vivir en los ambientes donde nos movemos y trabajamos. Son ellos los que nos imponen nuestro ritmo y criterio de vida.

Y eso no es así. La vida debe adaptarse a nuestra fe y vivir según creemos. Creer en Jesús significa vivir según sus Mandatos y Voluntad. Esa es la coherencia de nuestra fe. Ser coherente es adaptar mi vida, en todos los aspectos y circunstancias, según la Voluntad del Señor.

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