domingo, 15 de enero de 2017

Jesús es preguntado varias veces por su identidad y quien le ha dado esa dignidad que se arroga. Su Bautismo lo proclama como el Mesías, el enviado, el Predilecto, el Hijo amado. Es presentado como el salvador que el Padre envía.
                                  
Y lo hace llenándolo de su Espíritu, para que, a partir de ahora, los bautizados los sean con el Espíritu Santo. Es el Hijo que profetiza Isaías,  que descubre Simeón y que Juan el Bautista señala a sus discípulos como el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo.

Todo queda aclarado. No hay ninguna duda. Jesús es el Hijo de Dios Vivo. Aquel que estaba pensado por el Padre desde el principio para el rescate de todos los hombres de la esclavitud del pecado. Jesús es el Redentor y en Él están puestas todas nuestras esperanzas.

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