domingo, 22 de enero de 2017

Nuestra esperanza no se materializa si no somos capaces de convertirnos. Es precisamente a lo que nos invita Jesús, a convertirnos porque está cerca el Reino de los cielos. Esa será nuestra meta, y para eso tenemos un camino que andar. Y andarlo nunca sólo sino en la presencia del Señor.

Nuestra vida es la gran oportunidad que todo hombre tiene para responder a esa invitación que Jesús nos hace. Una vida que tenemos que aprovechar como un gran Tesoro, para responder a las enseñanzas de Jesús y hacer lo que Él hace. Y eso no nos será posible si no nos abrimos a la acción del Espíritu Santo.

Lo que perseguimos es la conversión. Una conversión que consiste en cambiar de vida, o en mirarla de otra forma. Mirarla según la mira Jesús, y vivirla al estilo de Jesús. Estilo que nos será imposible a nosotros solos, pues nuestra naturaleza humana nos lo impide, pero con y en el Espíritu Santo podemos alcanzarla.

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