jueves, 9 de marzo de 2017

Todos sabemos por experiencia que lo alcanzado y logrado es producto del esfuerzo y de la constancia. Quien no insiste y persiste no logra nada. El esfuerzo continuado es la consecuencia de los buenos resultados. Y eso descubre la necesidad del trabajo y del esfuerzo.

Jesús, el Señor, no se cansa de decírnoslo. Lo hace, durante su peregrinar hacia Jerusalén, en muchos momentos. Nos habla del juez injusto -Lc 18, 1-8- y nos pone el ejemplo de la pobre viuda que no desfallece e insiste en pedir su atención. Y hoy también nos dice -Mt 7, 7-12- la necesidad de pedir, buscar y llamar.

Y, también los hombres y mujeres descubren y experimentan la necesidad de pedir; la necesidad de buscar, y la necesidad de llamar. Porque a quienes piden, se les da; quienes buscan, encuentran, y a los que llaman, se les abre. Y es que nuestro Padre sabe de nuestras necesidades y, aun conociéndolas, espera y quiere que se las pidamos, porque eso descubre nuestra buena intención y reconocimiento.

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