También nosotros podemos, sin darnos cuenta, desear la muerte de Jesús
cuando vivimos indiferentes a su Palabra, cuando damos la espalda a su amor
misericordioso.
“Hoy, Señor, no quiero
quedarme en la curiosidad. Quiero creer… y estar.”
Señor, entra en mi
corazón, orgulloso, soberbio y egoísta, y transfórmalo en un corazón suave,
humilde, comprensivo, paciente y bueno como el Tuyo, para que, así, pueda amar
como Tú.
Hay muchos Lázaros en nuestra vida que no vemos —o no queremos ver—. Cerramos los ojos del corazón y echamos un tupido velo para acallar la conciencia… pero sabemos bien que nuestra vida no termina en este mundo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Tu pensamiento es una búsqueda más, y puede ayudarnos a encontrarnos y a encontrar nuestro verdadero camino.