viernes, 7 de marzo de 2014

LA NOCHE, UN BUEN MOMENTO PARA PENSAR

No es cuestión de ayunar sino de vivir el amor que Jesús nos enseñó y nos enseña cada día. Porque Él está con nosotros y en medio de nosotros. Él es el Esposo que nos acompaña en nuestro peregrinar y nuestro gozo es grande. Vive y nos alimenta con su Cuerpo y su Sangre para que, por su Gracia, seamos capaces de repartirnos también nosotros en todos aquellos que nos necesitan.

Hoy, en Isaías 58, 1-9a, el Señor nos dice: El ayuno que Yo quiero es este: Abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos; partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al desnudo y no cerrarte a tu propia carne.

No se trata de unas simples normas sino de una actitud de vida.

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