martes, 29 de abril de 2014

LA NOCHE, UN BUEN MOMENTO PARA PENSAR

Es bueno preguntarse cual es la medida de nuestra fe, porque aunque creemos y pedimos fe, vivimos como si la fe no fuera el norte de nuestra vida. Los acontecimientos nos superan y, aunque pedimos y oramos al Señor, nuestra fe se percibe debilitada por lo que sucede en nuestra vida.

Sí, lo sabemos, somos débiles y estamos cogidos por nuestra humanidad, pero si somos consciente de ello necesitamos pedir fe y que el Señor nos la aumente hasta el punto de vivir de y con la fe. Eso no supone permanecer en el aire como ángeles, sino que con los pies bien puestos en la tierra, nuestros pasos sean firmes pero confiados en el Señor.

Porque sin fe nada somos ni nada podemos. E incluso impedimos al Señor entrar en nuestra  ida. Necesitamos abrir nuestro corazón a la fe y confiar en el Señor.

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