La soledad no consiste en estar solo, sino en perder la esperanza de amar y encontrar donde derramar ese amor que llevas dentro. Ocurre que puedes vivir solo o encontrarte aislado, pero siempre tendrás la ocasión de esperar la oportunidad de amar.
Descubrir que Dios te ama y te acompaña renace en ti la esperanza de sentirte acompañada, porque Jesús, el Hijo de Dios, vive entre nosotros y nos acompaña todo el camino de nuestra vida. A Él podemos pedirle que nos dé la oportunidad de poder amar también en esta travesía.
Una sonrisa, un bueno días, un simple hola , una mirada complacida o cualquier otra oportunidad nos descubrirá que nunca estamos solos, y que nuestra presencia tiene sentido e importancia.
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