sábado, 5 de julio de 2014

SOBRE LA HUMILDAD



Ser humilde desprende sencillez, porque la humildad y la sencillez son primas hermanas. Quién es sencillo es porque es humilde y acepta lo que la vida le ofrece y le prepara. El sencillo no sufre, al menos por lo que tiene o no tiene. Sufre por el dolor físico o las necesidades, pero nunca por la ambición de tener y poseer.

Quizás sea por eso por lo que el Señor, casi siempre, ha elegido a gente sencilla y humilde de condición. Quizás sea porque son personas más predispuestas a desprenderse y a aceptar lo que la vida les depara y les propone, y, también, más abierta y dispuestas a escuchar y a convertirse.

La humildad es condición imprescindible para provocar el encuentro con el Señor. Sin ella será imposible abrir la puerta de tu corazón para dejar entrar el Corazón de Jesús.

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