sábado, 23 de agosto de 2014



Me tendré que fiar porque en mi cabeza nunca podrá entrar. A menos que, por la Gracia del Espíritu de Dios, mi entendimiento se abra a la Luz y pueda ver. Por eso, Señor, necesito la fe, la fe que tampoco la puedo conseguir yo, sino suplicarte que Tú, por tu Gracia, me la concedas.

Yo sí, como Pedro, puedo disponer mi corazón, por la libertad que me has dado, a la acción de tu Espíritu, y dejar que tu Gracia y tu Sabiduría corran por mi ciega humanidad y pueda experimentar tu presencia y tu amor.

Por eso, Padre del Cielo, me pongo en tus Manos y te entrego mi corazón para que siembres tu Luz en mi pobre y limitada luz. Amén.

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