jueves, 21 de agosto de 2014




De nada me vale decir que amo al Señor si no lo derramo en el amor a los que tengo a mi lado y a los que más lo necesitan. Y menos creerme que hablo en verdad, porque sólo será verdad cuando ese amor que al Él proclamo lo vierto en actos concretos de amor en los más necesitados.

Entonces no necesitaré decírselo tanto, porque se nota y Él lo ve en el amor que derrama mi vida. Eso sí, tendré que estar unido a Él y en relación constante por medio de la oración, la penitencia y la Eucaristía.

Porque sólo en el Señor alcanzaré vivir ese mandamiento de amarle a Él en los hermanos.

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