jueves, 2 de octubre de 2014



Nos cuesta entender el camino por el desierto cuando hay atajos más cortos y donde hay fresco y posibilidad de agua y alimento. Por qué Moisés condujo al pueblo de Dios, liberado de Egipto, por el desierto suena a elegir el peor camino. Un camino duro, pesado y dificilísimo de atravesar.

Es posible que el desierto nos enseñe a despertar la ilusión y las ganas de vivir, por mantener nuestro aliento, por descubrir que para vivir lo fundamental son pocas cosas y lo importante es la relación, la paz y el amor vivido en unidad.

Posiblemente, el desierto sea el paso y el camino que necesitamos para llegar a descubrir el lugar donde esperamos encontrar la felicidad plena y eterna.

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