jueves, 6 de noviembre de 2014



A veces quieres hacerte el fuerte y no dar el brazo a torcer. Es como salir y rechazar los consejos de quien te advierte de los peligros que te acechan en el camino. Te pierdes y sólo puede rescatarte el Pastor de tu redil. Nadie puede hacer nada por ti.

Necesitarás humillarte y reconocer tus debilidades, impotencias y fuerzas, y dejarte rescatar. No se puede hacer en unas horas lo que necesita todo un día para ser hecho. Más todavía con cansancio, sueño y necesidad de descansar. Cuesta hasta rezar, Dios mío.

Por eso desisto de mi orgullosa propuesta y dándote gracias por tantas bendiciones que hoy hemos recibido Berta y yo, te damos las buenas noches y te pedimos perdón por todas nuestras omisiones y egoísmos. Gracias, Señor, porque lo más hermoso del día fue esa oportunidad de acercarnos a Ti y comer tu Cuerpo.

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