martes, 9 de diciembre de 2014



En los momentos de derrotas buscas una mano amiga donde apoyarte y descansar. Buscas quien te escuche y en quien puedas consolarte. Quizás no sabes o te falta humildad para pedirla, pero imploras con tu mirada y tus gestos comprensión, compasión y consuelo.

El llanto es una salida de escape, de relajación, de consuelo, de aflojar tensión y de sustituto de la falta de apoyo necesitada. ¡Cuánto se echa de menos a un amigo en esos momentos! Y cuando se tiene, quizás no sepa consolarte o servir de apoyo.

Jesús te dice hoy que acudas a Él. Él es ese amigo que siempre está, nunca falla y sirve de apoyo para que suavices tu yugo y aligeres tu carga. Búscalo y compruébalo por ti mismo.

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