viernes, 5 de diciembre de 2014



Tenemos la impresión que siempre faltan manos para acabar la tarea o la obra. Siempre buscamos razones que nos eximan de ser culpables y que justifiquen nuestro comportamiento. Si hablamos de la ley, decimos que no hay ley porque no la aplican con justicia y autoridad. Y si hablamos del fraude, decimos que no se hace nada por evitarlo.

Damos la vuelta a la esquina y resulta que nosotros incumplimos la ley cuando descubrimos un resquicio para favorecernos y salir  beneficiados, sin importarnos la legalidad o no del asunto. La ley, debemos pensar, está para otros. Y cuando tenemos la oportunidad de colarnos y no pagar esto o aquello, cometemos fraude y miramos para otro lado.

Luego, en la calle otra vez, volvemos a repetir lo de siempre. El mundo está mal. No se hacen las cosas; falta mucha mano de obra; no se cumple la ley... etc. Pero son muy pocos los que hacen las cosas como se debe.

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