viernes, 6 de febrero de 2015

Si miras el esfuerzo que te cuesta pensar e intentar escudriñar en tus pensamientos cada día, experimentas la tentación de descansar y hasta dejarlo. Hacerlo cuando te da la gana. Y si lo haces descubres que no has ganado nada, ni siquiera descansar y estar mejor.

Vives la misma experiencia que cuando, acabadas las vacaciones, regresas a la vivencia y rutina de cada día. Experimentas, según hayan sido las vacaciones, mayor cansancio y debilidad. 

Según mi experiencia, el mayor descanso es hacer las cosas de cada día con amor. Es decir, con compromiso. Y eso exige esfuerzo y perseverancia. Ahora, no cargues tu mochila con más peso del que puedas llevar.

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