viernes, 17 de abril de 2015



Ocurre que preocupado por vivir según los mandatos del Señor descuidamos nuestras relaciones con los demás en cuanto a serles útiles en la verdad, la justicia y el amor.

Nos olvidamos de llevar paz con nosotros y ofrecerla a los demás. Porque para dar paz, primero hay que tenerla.

Y luego, habiendo cumplido los preceptos, normas u oraciones nos sentimos tranquilo. Necio de nosotros si no somos capaces de descubrir que sin amor nada nos vale.

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