viernes, 12 de junio de 2015




Para muchos agnósticos e incrédulos o ateos, el mayor misterio no será la existencia de Dios, sino su locura de amor incondicional que unida a su paciencia nos ofrecen la esperanza de la salvación.

Es imposible explicar que Dios existe, pero más imposible es negarlo, porque la evidencia de su existencia está escrita en cada misterio que encontramos en el mundo que vivimos.


Y perplejo nos quedamos cuando hay testimonios, como el de Juan en el Evangelio de hoy (Jn 19, 31-37), que dan crédito de lo que vieron. Porque el problema es la evidencia de que existimos y la revelación de Jesús que nos descubre lo que aspiramos.

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