jueves, 16 de julio de 2015



Lo lógico, natural y de sentido común es decir la verdad. Todos nos sentimos ofendido cuando alguien nos miente. Y eso quiere decir que la mentira no gusta.

Sin embargo, resulta que a veces mentimos por imponernos o someter a los demás a una disciplina y normas. Mentimos, defendiendo la ley, aún cuando comprendemos que esa ley va contra el bien del hombre. Y, si somos sinceros, nos sentimos mal.

Eso ocurre en todas las épocas y civilizaciones. El hombre miente porque no quiere renovarse ante el peligro que supone salir de su propio cascaron. Prefiere seguir siendo viejo, está cómodo y aferrado a su ley.

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