viernes, 31 de julio de 2015



Ocurre que aspiramos a vivir en grandes ciudades. Los grandes proyectos se asocian a grandes núcleos poblacionales. Incluso, los sencillos de pueblos son poco valorados y rebajados a paletos o ignorantes.

Pero al final, se impone lo sencillo, la tranquilidad y lo transparente. La gente empieza a huir de las grandes urbes. La contaminación, los atascos, las prisas y complicaciones rompen la armonía de las familias y aceleran el ritmo de la vida.
                
Es cuando entonces descubren la sencillez del tranquilo pueblo y la paz y seguridad de la proximidad de los vecinos. El contacto, la convivencia en la verdad y el amor hacen que la vida sea descubierta en su total dimensión.

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