miércoles, 5 de agosto de 2015



Cada vez que me presento ante el Señor para exponerle mis fracasos, mis problemas, mis decepciones y todo lo que supone no dar la talla respecto a todo lo que el Señor me ha dado, me cuesta un gran esfuerzo.
Un esfuerzo que atenta contra mi equilibrio, mi perseverancia y seguimiento al Señor.

La vida se hace difícil, se empina mucho en ciertos momentos y eso te supone el riego de escalar y de correr el peligro de resbalar y terminar con tus huesos.

Dios mío, experimento tu Misericordia, y eso pone ligereza y fuerza en mis pies para seguir la ascensión de la montaña de mi vida, y en la que espero te encuentres Tú al final.

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