martes, 4 de agosto de 2015



El nacimiento de tu fe exige trato con Jesús. Para eso, Jesús, se ha quedado cerca de ti y presente en el Sagrario. Vivo bajo la especie de Pan y Vino en cada Eucaristía, y en donde tú lo puedes tocar y llevar a lo más profundo de tu corazón.

Es entonces cuando la Eucaristía y la oración cobran y dan sentido a tu vida. Y descubren su valor y su vital necesidad. Su frecuencia marcará, por la Gracia de Dios, el aumento de la fe en ti.

Descubrir tan maravilloso y preciado misterio es el mayor tesoro que el hombre puede atesorar. La fe es un don de Dios, pero un don que tienes que buscar y pedir en la confianza, como la cananea, que Jesús oirá tu ruego.

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