jueves, 27 de agosto de 2015




No puedo comprender como permanecemos resignados ante la muerte física y sin preguntarnos qué va a pasar al instante siguiente. Estamos ciegos y entregados a la oferta del demonio. Una oferta caduca y falsa que esconde vacío y perdición.

Nos dejamos convencer porque nuestra naturaleza, tocada por el pecado, está más inclinada a las cosas de este mundo. Pero experimentamos que al final las cosas no son como esperamos.

Y sentimos y queremos reaccionar. Nos decimos: Tengo que cambiar porque esto no me lleva a ningún sitio. Pero, entonces, experimentamos que no es fácil. Nos cuesta y necesitamos al Señor. No pierdas más tiempo y empieza a caminar hacia Él.

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