lunes, 21 de septiembre de 2015




En cierta ocasión Jesús cuenta la parábola del rico epulón, y al final, el rico viendo al pobre Lázaro en el cielo y él sufriendo en el infierno, ruega a Abrahán que envíe a Lázaro a sus hermanos para que viéndole se muevan a conversión.
                    
La respuesta es que si no hacen caso a Moisés y los profetas, tampoco lo harán con un muerto resucitado. Nos parece extraño, pero la realidad es que sucede y ocurre lo que ha dicho Abrahán.

Igual ocurría con los apóstoles. No se enteraban de lo que les decía Jesús, y distraídos por la tentación del poder discutían quienes ocuparían los primeros puestos. Muchas personas no cambian ni se preguntan nada ante acontecimientos que se producen en sus vidas. Los cuentan como experiencias impactantes, pero su espíritu no reacciona ni se mueve a conversión.

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