lunes, 2 de noviembre de 2015




No es lo mismo dictar una doctrina y un estilo de vida, e invitar a seguirla. La diferencia es muy grande. El Dios del que Jesús, el Hijo, nos habla, es un Dios que, no sólo envía a su Hijo, sino que le manda a acompañarnos.

Por lo tanto, no vamos solos. Vamos junto a Aquel que nos ha revelado el Amor de su Padre y sus enseñanzas, y que se compromete a acompañarnos y a luchar con nosotros.

De tal forma, que, nos ha dejado el Paráclito, el Espíritu Santo, para que siga su misión, ante el inminente regreso de Él con el Padre. Y se ha ido a prepararnos un lugar, ¡qué maravilla!, al que nos llevará cuando regrese precisamente a buscarnos. Tengamos confianza y creamos en Él.

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