miércoles, 27 de enero de 2016



El amor no nace de repente. Es posible que, de forma instantánea surja una atracción y un enamoramiento, pero sin raíces profundas, porque realmente no ha habido tiempo para echar raíces.

El conocimiento, que cataliza y madura el amor, necesita tiempo, cercanía y diálogo. En ellos se produce la elección y el compromiso. El amor nace de ese compromiso, de sabernos, no simplemente atraídos, sino dispuestos a comprometernos y gastar nuestra vida juntos.

Pero, esa cosecha de amor necesita cultivo, escucha, agua, y, sobre todo, la Gracia del Espíritu de Dios. Un Dios Padre que nos ama con locura, y que es nuestro modelo para, amándonos así también nosotros, parecernos a Él. Por eso le invitamos a nuestra vida y compromiso de amor, para que nos asista y nos ilumine.

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