lunes, 18 de enero de 2016



El ayuno es una práctica que se utiliza para ejercitarnos en el dominio espiritual apoyado en la oración. Conviene ayunar para fortalecernos, pero no como un mero cumplimiento, sino como una actitud de esfuerzo en no doblegarnos a las tentaciones y perezas que el mundo nos ofrece.

Jesús está entre nosotros, y estando con Él, el ayuno no nos es necesario. Él es el Vino Nuevo que debemos beber para alegrar nuestro corazón y nuestra vida. Él renueva todo, y tolo lo hace nuevo sin necesidad de ofrecer sacrificios ni ayunos.

Otra cosa que el ayuno nos sirva de preparación, de dominio y equilibrio para fortalecernos, pero la presencia del Señor es nuestra Roca y Fortaleza. En Él, con la oración y alimento de su Espíritu, nos confortamos y fortalecemos.

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