viernes, 29 de enero de 2016




¿Es Dios el centro de mi vida? Y si lo es, ¿confío en Él hasta el punto de conformar mi vida según su Palabra? Supongo, con humildad, que si lo es, y que me esfuerzo en que mi vida sea reflejo de la de Él. Pero también experimento, aunque me sea difícil advertir, que dejo mucho que desear.

Una de las facetas importantes es la relación con los demás. ¿Trato de que sea tal y como a mí me gusta que sea conmigo mismo? Ahí veo más claro que fallo, y que mis egoísmos priman y me vencen. La lucha existe y la consecuencia son las oraciones y Eucaristías.

Experimento la gran dificultad del análisis propio, y el esfuerzo que hay que hacer para estar disponible y dispuesto a olvidarte de ti para, liberado, darte a los demás. La entrega y el servicio pasan por desapegarte, para disponerte, y para eso necesito la Gracia de Dios.

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