viernes, 5 de febrero de 2016




En su época, a pesar de su notoriedad, muchos se preguntaban quien era. Y lo confundían con Juan el Bautista, ya decapitado por Herodes; otros pensaban que era Elías y otros un profeta como los que ya habían venido. Todavía, hoy, muchos no le prestan cuidado o piensan que fue un hombre notorio e importante.

Para el cristiano creyente y practicante, Jesús es el Hijo de Dios vivo, enviado por el Padre para salvarnos de la esclavitud del pecado y que nos ha redimido con su Muerte voluntariamente entregada en la Cruz. Su Obra y sus Milagros así lo atestiguan y dan testimonio.

Sin embargo, al hombre le cuesta creer, porque en el mundo en el que vive, espera encontrar lo que le parece que no puede encontrar en la Palabra de Jesús. Su esperanza se desmorona cuando experimenta la caducidad de las cosas de este mundo. Sólo Jesús tiene Palabra de Vida Eterna.

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