lunes, 1 de febrero de 2016



La experiencia nos descubre que muchos ricos no son felices. Y los que lo son, no lo son, precisamente, por sus riquezas. La felicidad es un estado de paz que nos inunda de gozo, a pesar de tener nada más que lo necesario y suficiente para vivir dignamente.

Experimentamos que dar y estar disponible para el prójimo nos llena de gozo y serena paz. Descubrimos, entonces, que la felicidad no está en ser más fuerte, ni tampoco poseer riquezas, sino un corazón generoso y misericordioso.

Es, sencillamente, parecernos con nuestro Creador, nuestro Padre, que nos ha creado semejantes a Él. Y cuando eso se produce en nuestras vidas, experimentamos el gozo y la paz de respirar en la Gracia del Señor.

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