sábado, 23 de abril de 2016


No encuentras la felicidad por hacer mucho ejercicio físico, ni alcanzar gran preparación intelectual. Tampoco por ocupar grandes cargos o poseer muchos bienes y riquezas. La felicidad se esconde en el amor comprometido y desinteresado. Todo es simple, amar sin condiciones ni interés.

Pero, la experiencia de tu propia vida te descubre que no es tan fácil. Si bien es fácil de entender, se hace muy difícil de vivir. No lo propone Jesús como algo fácil, sino todo lo contrario. Sabe que tratar de vivirlo es remar contra corriente, porque el mundo tiene otro criterio.

Pero, si es verdad que cuando, por experiencia, buscas en la vida la felicidad, pronto empiezas a descubrir que no será fácil encontrarla. Porque quizás buscas donde no se encuentra. El mundo no la tiene, está, precisamente, en el amor.

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