miércoles, 24 de agosto de 2016



Tus actos estarán siempre condicionados por la bondad de tu corazón. Importa que tu corazón contenga más buenas intenciones que malas. Importa que sean esas, las buenas, las que lo dominen y desalojan a la malas por falta de espacio.

El hombre de recto corazón estará siempre abierto a responder a la verdad. Es lo que le sucedió a Natanael, un hombre de buenas intenciones que ante la predicción de Jesús se postró ante Él afirmando: «Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel».

La reflexión nos sirve para interiorizar la pregunta y tratar de responderla desde nosotros. A pesar de nuestros pecados e impurezas, ¿son limpias y rectas nuestras intenciones? Porque ese será nuestro esfuerzo y nuestra actitud, dejarnos limpiar, como Natanael, por Jesús.

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