martes, 13 de septiembre de 2016



La gran diferencia entre el creyente en Jesús de Nazaret, vencedor de la muerte, y aquello que no creen es, precisamente, que los primeros, a pesar de que se le pueda tener miedo, tienen la esperanza de vencerla. Mientras que los segundos ponen sus esperanza en este mundo donde la muerte vence.

Un cristiano espera y cree en la Vida. En la Vida Eterna, porque es de eso de lo que le habla Jesús de Nazaret. El mismo Jesús que encontrándose con una comitiva, que iba a enterrar al hijo de una pobre viuda, en Naím, Jesús compadecido le resucitó. Cree porque su Palabra es Palabra de Vida Eterna y porque siempre tiene cumplimiento. Tal es así que, crucificado en la Cruz, muerto y enterrado en el sepulcro, Resucitó al tercer día. Jesús ha vencido a la muerte y nos promete, a los que creen en Él, resucitar nosotros también. 

Así de sencillo. Su Palabra tiene cumplimiento. Él con su Vida nos lo ha, no sólo dicho de Palabra, sino también con sus Obras. La última, su propia Resurrección. Por lo tanto, a pesar de nuestras debilidades y miedos, vivimos en la esperanza de resucitar con Él cuando se cumpla su Palabra de su segunda venida.

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