viernes, 18 de noviembre de 2016

Hoy nos ocurre algo parecido a lo que el Evangelio nos narra hoy. El templo, la casa de oración que los cristianos tenemos para celebrar la Eucaristía y buscar espacios de oración, se hace a veces incómoda. Sobre todo en celebraciones puntuales y Eucarísticas. Sin darnos cuenta hablamos más de la cuenta.

Y sucede que la convertimos en lugar de encuentro y reunión entre nosotros. Sin darnos cuenta dejamos al Señor en un segundo plano y nos fijamos más en vernos y saludarnos. Es posible que esa no sea nuestra intención, pero debemos aprovechar el Evangelio de hoy para revisarnos en ese aspecto.

Tomar conciencia que el templo es un lugar y espacio donde nos encontramos con el Señor. Es verdad que el Señor está en nosotros, y somos templo del Espíritu Santo, pero también está bajo las especies de pan y vino en el Sagrario. Es un lugar santo que debemos respetar. Y sobre todo en los momentos de la consagración Eucarística.

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