viernes, 9 de diciembre de 2016

Al hombre le cuesta moverse. Sobre todo cuando se ha instalado en su verdad y se encuentra cómodo y a gusto. Moverse no le apetece, y menos si eso le exige desprenderse de sus hábitos y morir a su comodidad y apetencias. Es entonces cuando busca justificar su inmovilismo espiritual y rechaza todo lo que le proponen.

Disfraza la verdad y la tiñe de mentira. Confunde el amar con el amarse y se encierra en su propio mundo aislándose de todo lo que significa compartir y darse, porque sólo amas cuando eres capaz de partir tu vida y repartirla con los demás. En eso consiste el amor.

Y eso es lo que y para lo que te busca Jesús. Él ha dado su Vida para ganar la tuya. Se ha partido, y lo hace cada día y a cada momento en cada Eucaristía. Te necesita y necesita tu libertad para salvarte. Por eso busca tu respuesta. Y tú escondido en tu necedad se la niegas y te niegas a ti mismo tu propia salvación.

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