sábado, 9 de junio de 2018

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Todas las madres experimentan esos momentos. Porque, los hijos, siendo la alegría de la casa, también traen sufrimientos y dolores. Tanto sus éxitos como fracasos son compartidos por sus padres, hermanos y familiares, y si unos representan alegría, otros traen sufrimientos.

José y María, la sagrada familia, no está exenta de estos acontecimientos terrenales. Pasan tres días agónicos y cargados de expectación y dolor. Buscan al Niño que se ha perdido y no saben dónde puede estar. Deciden regresar a lugar de donde han partido y experimentan preocupación y disgusto.
               
Por fin, lo encuentran en el templo, junto a los doctores de la Ley. Y, a pesar de la alegría del encuentro, María, su Madre, le presenta su preocupación y le dice, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando». Él les dijo: «Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?». Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio.

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