El mundo, tal como lo conocemos en sus aspectos de muerte —destrucción,
asesinatos, asedios, deportaciones—, está destinado a extinguirse. Pero eso no
es el final.
Señor, mi confianza está puesta
en tu infinita Misericordia. En ella pongo todas mis esperanzas porque sé que
siempre seré deudor. Nunca merecer, ni tampoco entenderé esa misericordia que
me regalas.
Nuestro destino se encuentra en Cristo, que será nuestro liberador definitivo. Del cielo vendrá nuestra salvación, de ahí la llamada a alzar la cabeza. En Dios no tenemos a alguien que condena, sino a un Padre que salva por medio de su Hijo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Tu pensamiento es una búsqueda más, y puede ayudarnos a encontrarnos y a encontrar nuestro verdadero camino.