La muerte del viejo mundo es
el tránsito necesario hacia una nueva realidad creada por Dios. Sabemos que no
hay realidad nueva sin ruptura con lo viejo. Cuando levantamos la mirada y
confiamos nuestra vida al Señor, descubrimos que lo nuevo ya está naciendo
dentro de nosotros.
Señor, que no descanse ni me
pare, resistiéndome a llegar donde Tú quieres que llegue, porque yo deseo
llegar a donde Tú has pensado que sea mi destino. Quiero, Señor, hacer tu
Voluntad.
Sin
embargo, a pesar de ello, todos queremos vivir. Un vivir que no termina nunca.
Por eso la salud se convierte en una de nuestras mayores preocupaciones, y sin
darnos cuenta la anteponemos incluso a la eternidad, aun sabiendo que en este
mundo termina su recorrido.
Pero Él hace brotar un futuro que no muere, donde todo cobra sentido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Tu pensamiento es una búsqueda más, y puede ayudarnos a encontrarnos y a encontrar nuestro verdadero camino.