miércoles, 14 de octubre de 2015




Ser humilde significa no alardear de tus buenas cualidades, de tus talentos y logros y de tu capacidad de superar a otros. Ser humilde es estar a la altura de los que son más pequeños que tú o no llegan a tener tus talentos.

Eso exige abajamiento y grandes dosis de humildad, pero también mucha oración. Porque sólo abajándote como Xto. Jesús, puedes llegar a saber mantener tu humildad y no despreciar a los otros.

Y, sobre todo, a aceptar la Palabra del Señor en atenta escucha. Porque sólo en Él serás capaz de hacerte pequeño y dejar que el verdadero amor eche raíces en tu corazón.

martes, 13 de octubre de 2015




Nos cuesta mucho abrirnos al pensamiento o las tradiciones de otros. Muchas veces porque estamos apegados y cerrados a la forma de entender la vida. La nuestra es la correcta. Y otras, porque nos interesa entenderla como lo hacemos.

De esta forma, la vida es un cúmulo de normas que, nosotros mismos, vamos aceptando, poniendo y conformando en nuestra vida. Ocurre que a veces escondemos lo que nos interesa y lucimos lo que queremos que vean.

Estas apariencias engañan y esconden la verdad. Es lo que Jesús denuncia en el Evangelio cuando fue invitado a comer a la casa de aquel fariseo.

lunes, 12 de octubre de 2015




La maternidad es algo muy valioso e importante. Los pueblos existen porque existen madres que dan a luz a sus hijos. Pero más importante que eso es el renunciar a tantas cosas para sostenerlos en la vida por verdadero amor.

Ese es el verdadero valor de la madre. No es el hecho de ser madre y de parir a su hijo, sino el de cuidarlo, prolongar su vida, educarlo y darle todo su amor.

Así, Jesús, quiso llamar la atención a todos los que allí estaban proclamando que su Madre era más importante por cumplir la Voluntad de Dios que por ser su Madre. Tomemos ejemplo de María, la Madre de Dios.



El joven rico cumplía con los mandamientos desde pequeño, pero al parecer eso no basta cuando nuestro corazón está apegado a las riquezas.

Porque el mero cumplimiento no nos salva ni nos libera. Limitados a cumplir con la norma, actuamos de forma despreocupada e indiferente ante los problemas de los demás.

Y eso nos esclaviza y no nos deja amar. Seguir a Jesús exige, por encima de todo, amar. Y el amor implica tener en cuenta a todos aquellos que sufren.

sábado, 10 de octubre de 2015



Cuando rezas puede que te ocurra que te despistes, lo hagas distraído o creas que seguramente va a saco vacío porque no ves resultados. Ninguna de las tres cosas. El Señor nos escucha siempre, aunque nosotros no estemos concentrados y se nos distraiga la atención.

No cabe duda que quiere que tengamos confianza en Él, pues la confianza es la que mueve el Corazón de Dios. Pedir sabiendo que Dios nunca nos defrauda, pues entonces dejaría de ser Dios. Otra cosa es que lo que nos dé coincida con lo que nosotros queremos o esperamos.

Nosotros no sabemos lo que nos conviene. Lo mismo que los niños con sus padres no saben pedirle cosas buenas, igual nos ocurre a nosotros con nuestro Padre Dios. Pidamos y tengamos confianza en que lo que nos dé será lo mejor para nuestra salud material, corporal y espiritual.

viernes, 9 de octubre de 2015



Jesús sufrió el asedio y tentaciones del demonio. Lo conoce muy bien. Ya lo tuvo tentándolo cuando se retiró al desierto y en muchos momentos de su vida en este mundo. Sabe que tiene poder, pero con Él no puede porque está auxiliado por el Espíritu Santo.

El Señor nos protege y nos libera de sus garras, pero necesita nuestra libertad y consentimiento. Nos pide nuestra confianza en Él. Ha venido, enviado por su Padre, precisamente a eso, a liberarnos de la esclavitud del pecado a la que
el demonio quiere atarnos.

Y en el Señor estamos liberados. Ese es su Mensaje de salvación. Él lo expulsa de nuestra vida y nos salva. Por eso necesitamos estar en y con Él abiertos a la acción y la Gracia del Espíritu Santo.

jueves, 8 de octubre de 2015





La vida nos exige esfuerzo. Lo descubrimos desde muy pronto, y lo experimentamos en los primeros años del colegio. Antes, nuestros padres ya nos lo exigían para comer, pero ahora somos conscientes de que en la vida tenemos que esforzarnos

Hoy, Jesús, el Señor, nos habla de la importancia de la insistencia. No invita a insistir para conseguir lo que nos proponemos. Se trata de esforzarnos por algo bueno que sirva para atender o ayudar a otro. No se trata de un capricho o de interés egoísta.

Y nos invita a pedir. Pedirle a nuestro Padre todo lo que necesitemos para conseguir la meta importante, la salvación eterna que, enviado Jesús, nos lo revela departe de su Padre.