miércoles, 14 de diciembre de 2016

La vida, en el camino, se nos descubre y pronto nuestros temores se hacen presentes. La idea de la muerte nos cuestiona y pronto nace en nosotros una idea de salvación. Es verdad que es un misterio la forma de cómo la afrontamos, porque deberíamos estar más preocupados que lo que estamos.

Quizás sea la esperanza de escapar a esa realidad que nos amenaza. Verdad es que de no afrontarla como lo hacemos nos sería imposible vivir. Esa esperanza late en lo más profundo de nuestro ser y nos sostiene esperanzados, valga la redundancia. Y en eso consiste en abrir nuestros ojos, en ver la realidad que sabemos cierta y segura.

Juan el Bautista nos habla de esto en el desierto y nos prepara a disponernos a salvarnos. Para ello nos prepara un camino que tendrá su principio y fin en el Señor. Jesús se nos revela como el Camino, la Verdad y la Vida, y en Él están todas nuestras esperanzas. Seguirle es nuestra única posibilidad. Seguirle, escucharle, conocerle y amarle es el verdadero Tesoro que nos salva eternamente.

martes, 13 de diciembre de 2016

Son sabias las Palabras de Jesús cuando nos interpela con esas conductas de los dos hijos frente a su padre. Porque, desafortunadamente, nos fijamos más en las formas que en los resultados. Damos más importancia al respeto sin detenernos mucho en los resultados o consecuencias.

Es posible que el primer hijo fallara en el respeto al padre, pero, al final, hizo lo que el padre le dijo. Quizás el segundo quedó bien ante los que le oyeron decir educadamente asentir afirmativamente en hacer lo mandado por el padre, pero el resultado fue negativo y engañoso.

¿Qué consecuencias deducimos? Posiblemente nos ocurra que estando dentro de la casa del Padre cumplimos con los ritos y prácticas, pero no hacemos lo que el Padre quiere. Posiblemente, otros, más lejos y no estando en la casa del Padre, no conozcan lo que el Padre dice, pero, sin saberlo y negándose a los ritos, cumplen su Voluntad.

lunes, 12 de diciembre de 2016

Ocurrió que aquellos sumos sacerdotes y ancianos del pueblo observaban que la gente se amontonaba alrededor de Jesús, y esos les molestaban. Urdieron la idea de preguntarle con qué autoridad decía esas cosas para tratar de desautorizarle. En el fondo llevaban malas intenciones.

Jesús, viendo lo que urdían, respondió con otra pregunta: El bautismo de Juan, ¿de dónde era?, ¿del cielo o de los hombres?». Y ante esta pregunta quedaron callados, pues de una u otra forma habían caído en su propia trampa. De decir del cielo, ellos mismos se autoculpaban de no haberlo recibido. Y de los hombres, les enfrentaba con el pueblo que tenía a Juan por profeta.

Y es que cuando se va con malas intenciones, la verdad sale a relucir. Y tarde o temprano las cosas se ponen en su lugar, porque la verdad siempre emerge. Aquellos que buscan la verdad con malas intenciones no la encontraran y sus mentiras serán descubiertas.

domingo, 11 de diciembre de 2016

Juan el Bautista envía a preguntar a Jesús si era Él a quien esperaban, o había otro que esperar. Indicios que nos descubren que hasta Juan tenía dudas. Cuánto más podemos tener nosotros. Sin embargo, la respuesta del Señor nos presenta el anuncio que ya Isaías (35, 1-6ª.10), muchos años antes, había profetizado.
                   
Nace la esperanza y todo reverdece. El hombre conoce la Buena Noticia de salvación, porque la vida se renueva. «¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?». Jesús les respondió: «Id y contad a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva; ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!». 

Por eso es tiempo de preguntarnos: ¿A quién esperamos? Empezábamos interpelándonos respecto a esa pregunta. Y es que quizás esperamos a otro u otras cosas que nos den esa felicidad que anhelamos y buscamos. Realmente, ¿queremos encontrarnos con Jesús? Dejemos, pues, que entre en nuestro corazón y vivamos en el esfuerzo de amar como Él. Entonces comenzaremos a ver y nacerá dentro de nosotros.

sábado, 10 de diciembre de 2016

Hoy, la Iglesia, continuadora del Mensaje de Jesús sufre y padece el mismo rechazo. El mundo se aleja de la Voluntad de Dios y rechaza su Palabra. Hoy la Iglesia sigue padeciendo las mismas persecuciones que en sus primeros años de proclamación. Y eso estaba también profetizado, y experimentamos y vemos que se cumple.

Y se cumplirá lo que, profetizado, falta por cumplirse. La Iglesia no sucumbirá ni será destruida, porque en las profecías está escrito que las puertas del infierno no prevalecerán contra ella (Mt 16, 18). Y en esa esperanza nos apoyamos los creyentes. Porque el Señor tiene Palabra de Vida Eterna.

Por eso, a la hora de buscar razones que nos den pruebas y testimonios de la Palabra, podemos encontrar en la Revelación muchos testimonios y profecías que nos hablen que todo sucede como está profetizado. Y eso nos deberá ayudar a ponerle mucha más atención.

viernes, 9 de diciembre de 2016

Al hombre le cuesta moverse. Sobre todo cuando se ha instalado en su verdad y se encuentra cómodo y a gusto. Moverse no le apetece, y menos si eso le exige desprenderse de sus hábitos y morir a su comodidad y apetencias. Es entonces cuando busca justificar su inmovilismo espiritual y rechaza todo lo que le proponen.

Disfraza la verdad y la tiñe de mentira. Confunde el amar con el amarse y se encierra en su propio mundo aislándose de todo lo que significa compartir y darse, porque sólo amas cuando eres capaz de partir tu vida y repartirla con los demás. En eso consiste el amor.

Y eso es lo que y para lo que te busca Jesús. Él ha dado su Vida para ganar la tuya. Se ha partido, y lo hace cada día y a cada momento en cada Eucaristía. Te necesita y necesita tu libertad para salvarte. Por eso busca tu respuesta. Y tú escondido en tu necedad se la niegas y te niegas a ti mismo tu propia salvación.

jueves, 8 de diciembre de 2016

«No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin».





Sucede que en la medida que crecemos, nuestros ideales, muchas veces, no se cumplen. Pero, poniendo por caso que se cumplan, llega un momento que, cumplidos, nos preguntaremos, ¿qué nos moverá ahora para continuar la marcha?

Porque todo lo que nos pongamos por meta tiene un final, ¿y después qué? Descubrimos que tenemos que buscar ideales para seguir caminando. Por eso nos decimos los unos a los otros que hay que entretenerse y buscar alicientes, pero, ¿qué alicientes?

Mirando a nuestro derredor observamos lo que hay, y eso que hay también tiene sus días contados. Podemos obviarlos, engañarnos, esconderlos y mirar para otro lado, pero todo tiene sus días contados. Sin embargo, la pregunta sigue en pie, ¿y ahora qué? Sólo Dios tiene Palabra de Vida Eterna.