miércoles, 14 de diciembre de 2016

La vida, en el camino, se nos descubre y pronto nuestros temores se hacen presentes. La idea de la muerte nos cuestiona y pronto nace en nosotros una idea de salvación. Es verdad que es un misterio la forma de cómo la afrontamos, porque deberíamos estar más preocupados que lo que estamos.

Quizás sea la esperanza de escapar a esa realidad que nos amenaza. Verdad es que de no afrontarla como lo hacemos nos sería imposible vivir. Esa esperanza late en lo más profundo de nuestro ser y nos sostiene esperanzados, valga la redundancia. Y en eso consiste en abrir nuestros ojos, en ver la realidad que sabemos cierta y segura.

Juan el Bautista nos habla de esto en el desierto y nos prepara a disponernos a salvarnos. Para ello nos prepara un camino que tendrá su principio y fin en el Señor. Jesús se nos revela como el Camino, la Verdad y la Vida, y en Él están todas nuestras esperanzas. Seguirle es nuestra única posibilidad. Seguirle, escucharle, conocerle y amarle es el verdadero Tesoro que nos salva eternamente.

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