lunes, 12 de diciembre de 2016

Ocurrió que aquellos sumos sacerdotes y ancianos del pueblo observaban que la gente se amontonaba alrededor de Jesús, y esos les molestaban. Urdieron la idea de preguntarle con qué autoridad decía esas cosas para tratar de desautorizarle. En el fondo llevaban malas intenciones.

Jesús, viendo lo que urdían, respondió con otra pregunta: El bautismo de Juan, ¿de dónde era?, ¿del cielo o de los hombres?». Y ante esta pregunta quedaron callados, pues de una u otra forma habían caído en su propia trampa. De decir del cielo, ellos mismos se autoculpaban de no haberlo recibido. Y de los hombres, les enfrentaba con el pueblo que tenía a Juan por profeta.

Y es que cuando se va con malas intenciones, la verdad sale a relucir. Y tarde o temprano las cosas se ponen en su lugar, porque la verdad siempre emerge. Aquellos que buscan la verdad con malas intenciones no la encontraran y sus mentiras serán descubiertas.

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